El pasado 10 de octubre, se celebró el Día Mundial de la salud mental con el objetivo de concienciar que la salud mental es la base de toda vida plena y satisfactoria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Nuestras relaciones como indicativos de nuestra salud mental

Todo, en el día a día, está enmarcado por las relaciones que tenemos. Las redes sociales se han adueñado del mundo, de nuestra familia, de cómo son nuestras amistades y lo que nos aportan, las relaciones laborales o académicas, etc.

Es imposible no aceptar que las relaciones afectan a nuestro estado de ánimo y, en consecuencia, a nuestra salud mental. Por desgracia, cada vez hay más casos de depresión y ansiedad, especialmente en adultos y en adolescentes, motivados por problemas relacionales, bien sea con compañeros del trabajo o con compañeros de clase o parejas.

Las personas crecemos, nos desarrollamos, maduramos y morimos relacionándonos con los demás; podemos enfermar y sanar, mentalmente hablando, gracias a los vínculos afectivos que establecemos. Las famosas relaciones tóxicas nos llevan a dinámicas muy dañinas, en cambio tenemos otras positivas con las que podemos sentir que pase lo que pase nada nos puede afectar para mal.

Nociones para trabajar algunos de nuestros aspectos personales

siguiendo las pistas de nuestro entorno social y cómo lo construimos.

La forma que tenemos de interactuar con los demás tiene mucho que ver con nuestro aprendizaje vital. Cuando somos pequeños nos enseñan a comportarnos con los otros, bien con normas explícitas o viendo cómo nuestras figuras de referencia se comportaban con otras personas. 

Lo que decidamos hacer con lo aprendido en la niñez forma parte de nuestra propia responsabilidad con nosotros mismos.

La manera que tenemos de construir relaciones está relacionada con el tipo de apego que cada individuo ha desarrollado. Y el apego que presentamos está correlacionado con distintos tipos de trastornos psicológicos.

Existen 3 tipos de apego

1.- APEGO SEGURO

Personas que construyen relaciones estables en el tiempo con los demás, con límites personales claros y saludables. Tienen definida de forma clara su personalidad, su opinión, proyectos vitales, gustos, valores y principios. Que los tengan definidos de forma clara no significa inamovible, pueden debatir ideas y cambiar de opinión sin que eso les parezca un problema. Uno de sus rasgos característicos es la flexibilidad, pero eso sí, sin transgredir unos límites saludables. Presentan autoestimas sanas y buena confianza.

No necesitan a los otros para sentirse bien. Su estado de ánimo es responsabilidad de ellos. Los adultos con un apego seguro son capaces de identificar y expresar sus estados emocionales de manera consistente, certera y no invasiva a los demás. Suelen contar con una red sana de relaciones sociales en la que compartir cosas buenas y malas, de la que dan y reciben apoyo.

Suelen tener hábitos de vida saludables, por ejemplo, tener incorporado el deporte en su vida diaria.

2.- APEGO INSEGURO/AMBIVALENTE

Las personas con este apego suelen llegar a establecer relaciones interpersonales con facilidad, pero presentan tendencia a idas y venidas, inestables, a veces muy próximas pudiendo llegar a ser invasivos en la intimidad de los otros y otras se distancian, pudiendo darse explosiones de rabia o ira. Estas personas suelen esperar amor y cuidados por parte de los otros, al mismo tiempo que tienen miedo a volver a ser ignorados o abandonados.

Los adultos son más sensibles al rechazo y las valoraciones externas, más proclives a tener relaciones tóxicas y a padecer ansiedad o depresión. Es fácil que tengan dificultades para identificar y expresar de forma clara sus estados emocionales y por tanto les cuesta manejarlos de forma saludable. Suelen tener baja autoestima y un mal autocuidado y hábitos diarios.

3.- APEGO EVITATIVO

Estos individuos suelen afirmar la propia independencia de los vínculos afectivos, el típico “yo no necesito a nadie”. Están dispuestos a afirmar su auto-suficiencia, lo que suele recaer en una habilidad baja para establecer relaciones sociales, presentado dificultades serias para manejar la empatía con otras personas y/o establecer relaciones de confianza.

Tienen tendencia a no buscar ni esperar apoyo, empatía, cariño e intimidad en las relaciones interpersonales. Deseo de auto-protección ante las emociones penosas, que en muchas ocasiones pudieron sentir de niños al ser ignorados o criticados.

Además de altos índices de sufrimiento y gran dificultad para identificar, diferenciar y expresar sus estados emocionales. El estilo de apego evitativo está asociado con trastornos de personalidad esquizoide, narcisista, antisocial y paranoide (Bakermns-Kranenburg & van Ijzendoorn, 2009; Barone, 2003; Choi-Kain, Fitzmaurice, Zanarini, Laverdiere, & Gunderson, 2009; Fossati et al., 2003; McGauley, Yakeley, Williams, & Bateman, 2011; Westen et al., 2006)

Si nos sentimos identificados con alguno de estos tipos de apego menos sanos/seguros o alguna de las patologías mencionadas, el tipo de relaciones que establecemos con los demás y la manera de hacerlo no como algo puntual sino de un modo más estable en nuestra vida, recomendamos asistir a terapia con un profesional, ya que aprender una forma de gestionarnos y gestionar la manera de relacionarnos con los demás, puede mejorar de un modo claro y muy grande nuestro bienestar y calidad de vida diarios.